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16 Sep 2020 12:26
Los disparos de cohetes no cesan en Gaza, pese a acuerdos de Israel y países árabes
Humo y llamas tras un ataque israelí en la ciudad de Jan Yunis, en el sur de la Franja de Gaza, el 16 de septiembre de 2020. Foto: AFP

Sederot, Israel / AFP

Al tiempo que su primer ministro celebraba acuerdos históricos en Washington, la israelí Tammy Shalev trataba de conciliar el sueño, perturbada por las explosiones, a pocos kilómetros de su casa, de cohetes lanzados desde la Franja de Gaza. Para ella, la normalización de relaciones de Israel y dos países árabes, Emiratos Árabes Unidos y Baréin, es “positiva”, pero no una prioridad.

Mientras el presidente estadounidense, Donald Trump, saludaba a “un nuevo Oriente Medio” y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, consideraba que los acuerdos podrían poner fin al conflicto israelo-árabe “de una vez por todas”, Shalev se albergaba en un refugio de su ciudad de Sderot, en el sur de Israel.

El 15 de septiembre de noche, en momentos de la firma de los acuerdos en Washington, sonaban las sirenas en varias localidades israelíes aledañas al enclave palestino de Gaza, alertando sobre disparos de cohetes, uno de los cuales cayó en Ashdod, provocando dos heridos. Y, el 16 de septiembre de mañana, la Fuerza Aérea israelí bombardeo objetivos en el enclave, en tanto se lanzaban más cohetes contra el sur del Israel.

Shalev, treintañera que trabaja en informática, se manifiesta “favorable” a estos acuerdos, que serán “positivos a largo plazo”. “Pero, mientras tanto, sigue habiendo ataques y seguimos sin poder dormir”, suspira.  “Es sobre todo algo bueno en los papeles, pero no hace ninguna diferencia en nuestra vida cotidiana y estos acuerdos se limitan a hacer las paces con aquellos con quienes ya estábamos en paz” desde antes, afirmó.

Israel había firmado precedentemente dos acuerdos de paz con estados árabes, Egipto (1979) y Jordania (1994), tras enfrentarse en varias guerras. En cambio, nunca estuvo en guerra con Emiratos y Baréin.

De izquierda a derecha, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu; el presidente estadounidense, Donald Trump; el ministro de Relaciones Exteriores de Baréin, Abdulatif al-Zayani y el ministro de Exteriores emiratí, Abdulá bin Zayed Al-Nahyan, en la Casa Blanca, el 15 de septiembre de 2020. Foto: AFP

“Forzados a la paz”

“Es fácil hacer la paz con países con los cuales no tenemos problemas, pero continuamos sufriendo mientras él (Netanyahu) va a hacer las paz en otras partes”, afirma Yehuda Ben Lulu, tocado con kipá blanca y negra.  “No estoy enfadado con él, pero primero debería resolver el problema con Gaza”, señaló este hombre de 59 años, en la plaza principal de Sderot, un pueblo con unos 27.000 habitantes, situado muy cerca de Gaza.

La Franja de Gaza está gobernada desde 2007 por el movimiento islamista armado Hamás, enemigo acérrimo de Israel, país que impuso un estricto bloqueo al enclave. Desde entonces, Hamás y Israel se han enfrentado en tres guerras y esporádicamente se producen intercambios de disparos.

Ex carpintero, David Amar, de 70 años, sostiene bajo un brazo un ejemplar del periódico gratuito Israel Hayom, que titula “Un nuevo Oriente Medio”. “Si los grandes actores regionales hacen la paz con nosotros, eso forzará seguramente (al presidente palestino) Mahmud Abas a hacer lo mismo”, señaló Amar, un ferviente partidario de Netanyahu.

“Los palestinos se verán forzados a hacer la paz, pero necesitarán nuevos líderes, porque Mahmud Abas es demasiado viejo”, añade el hombre, apoyado en muletas y cuya gorra negra cubre un mechón de pelo cano. Pero Abas, quien reside en Cisjordania, territorio palestino separado de Gaza y ocupado desde 1967 por el ejército israelí, advirtió el martes de noche que “no habrá paz” sin el fin de “la ocupación israelí”. (I)