Celso Palacio y su arte de ‘juntar’ estampillas, billetes y monedas
Celso Palacio trajo su afición por coleccionar monedas, billetas y estampillas de la ciudad que lo vio nacer, Loja. Foto: Prisilla Jácome

Tenía 10 años cuando su papá le encargó la tarea de arreglar la gran biblioteca antigua que había en su casa, en Loja. Pensó que su labor se limitaría a limpiar y ordenar los casi mil libros de los estantes, pero no, el padre de Celso Palacio tenía otros planes para él.

“Cuando ya iba por el décimo libro mi papá me dijo “¿Y qué dicen los libros?” No se, le respondí, y me dijo “solo puedes ir poniendo los libros que vas leyendo”, así que los bajé de nuevo y comencé a leerlos”, relata el hombre de 61 años. Entre 2 y 3 meses le tomaba acabar los grandes y vetustos textos que, a su paso, iban alimentando su biblioteca mental. Todo esto, mientras él trataba de cumplir también con sus responsabilidades escolares.

Un día, en medio de su misión lectora, encontró una pequeña estampilla entre las hojas de uno de los libros que pasaron por sus manos. Curioso, se acercó a su papá y le preguntó por su descubrimiento y él, como era de esperar, lo envió a una fuente familiar: un libro. Específicamente, un catálogo de estampillas.

Celso buscó y se dio cuenta que el pequeño ‘pedacito’ de papel que halló databa de 1870: era la primera estampilla del Ecuador. “Le dije a mi papá lo que había encontrado y él me dijo “Ya ves, ya tienes la primera para que puedas comenzar a coleccionar” y así fue”, dice emocionado. Continuó por su lado, recolectando las que pudo pero no fue hasta dos años después que visitando de una de sus tías en un convento de Quito logró agrandar en dimensión su colección. En dicho lugar halló unas 50 mil estampillas que estaban en cartones y, por casi, en la basura. Él las salvó de su destino.

Una pequeña estampilla azul fue la primera que encontró Palacio cuando revisaba unos libros de su biblioteca, a sus 10 años. Foto: Prisilla Jácome

“De un día para otro me convertí en una de las personas que más estampillas tenía en Loja, por todo lo que tenía y lo mejor era que no había invertido ni un centavo. Fue una suerte”, relata con una sonrisa. A su afición posteriormente se sumaron las monedas y los billetes y hoy con orgullo enlista lo que ha logrado reunir en más de 50 años de experiencia: alrededor de 600 estampillas, unos 500 billetes y por lo menos 450 monedas. Todas distintas y hasta de países inimaginables. Pero eso no es todo, la moneda más antigua que guarda en colección data de 200 años antes de Cristo, guarda la primera estampilla del mundo (Inglaterra, 1840) y el primer billete existente (Suecia, 1650).

Hace cinco años, este apasionado de la numismática, filatelia y notafilia pasa sus días laborales en un pequeño espacio de un local ubicado en las calles Chile y 9 Octubre, en Guayaquil. Esto, porque dice que a su profesión de ingeniero civil se le acabaron las ‘plazas’, por lo que tuvo que convertir su hobbie en un sustento aunque en realidad no le importa mucho el acto de la comercialización. Para la compra, el intercambio y una buena conversación siempre tiene tiempo. Palacio puede pasar horas de horas charlando con otros coleccionistas, interesados o conocedores del tema, porque en esa ‘agua’ nada muy bien.

“Aquí vino un señor que no sabía nada, así que comencé a explicarle y así comenzó a coleccionar sus propias monedas. Yo lo guío para que complete las que le faltan”, comenta el hombre que incita a todo aquel que conoce a que se meta en ‘su’ mundo porque asegura que trae muchos beneficios. “Si tengo un billete de Burkina Faso estoy obligado a saber que está en África, que antes de ser Burkina Faso se llamaba el Congo, lo conecto con mi moneda del Congo y así”, indica. Historia universal, geografía, física y cívica son solo algunas cosas que dice se puede aprender con este pasatiempo.

Los clientes de Palacio llegan a consultarle sobre la disponibilidad de algún artículo en concreto o si es posible venderle alguno a él. Foto: Prisilla Jácome

Por todo ello recomienda este tipo de coleccionismo desde la juventud, pues considera que esto beneficia hasta en los estudios. “Si a usted el profesor le dice que tiene que aprenderse que la capital de Argentina es Buenos Aires para dar el examen usted se lo aprende, pero al día siguiente no se va acordar, Cuando usted aprende así (a través del coleccionismo), usted no se va a olvidar nunca porque está constantemente en contacto visual y mental con las cosas”, afirma con experiencia.

Justamente estos saberes le han permitido ostentar cargos como Perito para la Superitendencia de Bancos y le ha valido reconocimientos como el más reciente: “Gran Cruz – Filatélica Olímpica del Ecuador Samuel Valarezo Delgado”, otorgado en el Museo Presley Norton.

Álbumes de colección por llenar o completos, billetes de distintos tamaños, monedas nuevas nacionales e internacionales, pequeñas reliquias y mucho más se pueden encontrar en su pequeño y ordenado espacio que resalta aún en medio de todo el alboroto citadino.

¿Sobre los libros de su biblioteca? Los terminó todos. Tenía 43 años cuando lo consiguió. (I)